¿Ceder o dejar de Ser?

Un buen y típico consejo sobre la vida en pareja es “aprende a CEDER”. Nos repiten esta frase como si fuera algo sencillo, como si simplemente el amor facilitara la ejecución profunda de ese verbo. Ceder significa: Dar, transferir o traspasar a alguien una cosa, acción o derecho. No estamos hablando de cualquier bobada, cuando algo cede, normalmente estamos hablando de que se rompe o de que cambia su forma original, como eso que pasa con los calzones favoritos, normalmente ceden y ya no es tan cómodo usarlos, ya no horman igual.

Bueno, pero saliendo de la lencería y volviendo al consejo, es cierto que en toda pareja se requiere de disposición para cambiar, incluso para romperse, por ejemplo irse a vivir con alguien, ese paso, ese cambio de vida implica un rompimiento, ya sea porque antes se vivía con las mamás (si son papás pueden ser mamás también), en soledad o en modo roomies, de cualquier forma, este paso implica ceder, se cede espacio, tiempo, rutina…

Estoy de acuerdo, si se quiere tener una relación de pareja y aún más vivir bajo el mismo techo, ceder parece un imperativo, pero cómo se hace, bajo qué parámetros, qué implica ceder en A o en B, o qué tanto ceder en A ímplicitamente nos entrenará para ceder en B, en C, y en todo el bendito abecedario.

¿Y quién cede? ¿Quién deja de hacer algo porque la pareja así lo pide o quién aguanta eso que hace la pareja, aunque no le encante? Me imagino una cuerda, en cada esquina una persona jalando para que el otro termine cediendo. Ganará quién soporte mejor el ardor en las manos… quién tenga más fuerza… o depronto alguien soltará la cuerda desde el principio para evitar la rivalidad que implica poner a competir dos fuerzas y en ese caso ¿quién habrá cedido?

¿De eso se trata ceder? Alguien gana, alguien pierde y aunque suene a trabalenguas, quién gana también pierde y quién pierde también gana. Se pierde la absoluta autenticidad de un ser, la magia de amar a la otra persona tal cual es, pero al mismo tiempo se gana la tan añorada posibilidad de estar en pareja, de construir un camino con el respaldo de la otra persona.

Y aunque se vaya a ceder, creo que lo más sano es mantener la premisa de valorar al ser tal cual es y dismunuir al máximo esas expectativas de ceder que tenemos sobre la otra persona. Si la unión de los caminos funciona, ceder se irá convirtiendo más en construir, en aceptar, en adaptar, y entonces habrá menos aires de guerra y más de siembra.

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