Tomar decisiones en 3 pasos: manuales para la vida con Cosmic Girl

Aconsejar a otros es algo que se me ha dado toda la vida, no sé si nació en mí, si es un aprendizaje heredado de mi mamá o si fue una habilidad adquirida porque mis amigas buscaban consejo conmigo. Como vivía sola, casi siempre era “la grande” del grupo y parece que ser grande es sinónimo de sabiduría, (ahora que estoy “grande” me doy cuenta de que eso no es así, pero esa es otra historia).

A lo que iba con esto, es que he descubierto que el arte de aconsejar, (no se confunda con la labor de un psicólogo), radica sobre todo en el arte de escuchar. Escuchar tratando de ser neutral y sobre todo con compasión por lo que el otro está exponiendo.

Y es que, siendo aconsejadora profesional, últimamente me he visto rodeada de historias en las que mi contraparte busca consejo y sobre las cuáles es cada vez más complicado atreverse a aconsejar: que si me separo, que si me cambio de país, que si estudio una maestría o no, que si renuncio a mi trabajo para montar mi proyecto independiente, que si tener hijos… son todas decisiones con alto impacto en la vida.

Yo misma, por supuesto me enfrento a dilemas como esos y por eso creo, que cualquier palabra, ante un cuestionamiento de ese tamaño debe ser dada con precaución y recibida con recelo, porque lo que se viene pierna arriba, una vez tomadas ciertas decisiones, no es sólo un cambio personal. En esta etapa de la vida, casi siempre hay más personas involucradas.

¿Entonces cuál es el mejor consejo en una situación así? De entrada, son varios… Los he estado poniendo en práctica en mi vida y creo que han funcionado, porque si no, no estaría viviendo el mejor de año de mi existencia:

1. No dar pasos, sólo por el deber ser. Aunque todas sus amigas y amigos se estén casando, aunque la “onda” sea montar empresa, aunque la vecina ya tenga un jardín infantil de niños, usted no tiene que hacer lo mismo.

2. Hacer conciencia sobre la motivación de la decisión que se quiere tomar, ¿es un impulso, es un patrón, es externa o realmente emana del ser como un río que busca su cauce?

3. No buscar la felicidad en esa decisión. Si uno está infeliz, deprimido o inconforme con la vida que está llevando: casarse, tener hijos, estudiar una maestría, cambiarse de país o comenzar una empresa… no van a cambiar esa situación, nada de eso puede hacer feliz a alguien que no es feliz consigo mismo.

Y para ser feliz basta con conocerse. Piense en usted como si fuera su propia pareja, ¿cómo podría hacer feliz a esa persona, si no la conoce?

 

 

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