¡SÍ!

Que si recibir un anillo es el sueño dorado de las mujeres, que eso espanta terriblemente a los hombres, que cuando el hombre lo entrega, es un acto de posesión y por lo tanto totalmente antifeminista, que si el anillo representa amor y compromiso y por eso en una relación que pinta duradera, es el paso a seguir, que si el diamante debe reflejar cuánto dinero hay de por medio, que si es un tema que merezca ser tratado o no.

Pues hoy me mandaron ¿cómo mensaje subliminal? un artículo de cómo el anillo de compromiso objetiviza a la mujer… y me pregunté ¿he querido recibir un anillo de compromiso toda mi vida? De hecho ya me lo dieron en una ocasión, la típica escena romántica, planeada con cuidado por el susodicho, mar, atardecer, amigos. Fue algo que jamás me hubiera imaginado, no en ese momento, no con él, pero la relación pintaba duradera, se suponía como el paso a seguir y di ese misterioso sí, acepté el anillo como símbolo de compromiso y promesa de amor. Siendo una relación a distancia servía para mantener el lazo firme y la ilusión de una boda que nunca llegó.

En el momento no me sentí objetivizada y justo ahí es dónde encuentro que el artículo citado no debería tomarse en blanco y negro, porque la vida está hecha de matices, no de absolutos, por supuesto hay temas y valores que no dan tregua a la escala de pantone, pero en este tema en particular, creo que son muchos los visos. Digo en ese momento, porque entre la emoción de poseer un diamante (al pan, pan y al vino, vino), corroborar que el tipo iba en serio, a pesar de que las circunstancias no eran sencillas y por supuesto, alimentar la ilusión de construir un camino con alguien, todo se veía bonito, puro amor.

Sin embargo entendí lo que el anillo significaba para él cuando llegué a vivir a México.

Una noche nos llevaron la invitación de una boda a nuestro depa y el susodicho lleno de orgullo casi me arranca la mano para mostrarle a su amigo ese diamante que yo llevaba hacía meses en mi dedo. Básicamente para restregarle en su cara que poseía a una mujer, que además era colombiana y había dejado su país por él, por esa promesa de amor. Así me sentí.

La magia duró poco y hoy el anillo está guardado en una caja.

Pero esto no es negro o blanco, ¿que si me gustaría volver a recibir un anillo? Si me gustaría, pero no como un acto desesperado que busca mantener un lazo, más bien como consecuencia de una decisión mutua de construir un camino que supere el enamoramiento irracional y que esté basado en objetivos comunes, en gustos afines, en contextos familiares que soporten esa unión con entusiasmo y respeto. Nunca más delante de amigos y jamás con la carga que él le puso, la carga de volverme suya.

 

 

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