¿Volver?

Hasta el momento había sido fácil cambiarme de país. Todo en México se ha dado de tal manera que no he tenido que adaptarme, me sumergí en esta hermosa ciudad como si siempre hubiese pertenecido a sus calles, la siento familiar, sonrío recorriendo sus barrios, usando su maravilloso sistema de bicicleta compartida, incluso le tengo cariño al metro (aunque eso de andar por debajo de la tierra no es lo mío…. ¡y ojo! no estoy a favor de un metro a nivel o elevado), conozco sus cafés, tiendas de libros, mercados artesanales, restaurantes típicos, parques para correr, parques para ir con África, parques para meditar, la siento mía y yo soy suya, de eso no hay duda.

Pero entonces… ¿por qué ahora me empieza a pesar la distancia? No es la ciudad, definitivamente mi sueño dorado sería tener a toda la gente que amo, a mi familia, amigas, amigos y amores en esta ciudad, que la disfrutaran conmigo, que la pudiéran ver con el mismo amor que yo le tengo, que hiciéramos nuestras vidas acá, emprendiendo proyectos, siendo parte de la universidad pública, yendo a teatro, a conciertos (que acá pululan), corriendo carreras, descubriendo restaurantes, recorriendo museos y exposiciones que hacen alucinar la mente.

El paraíso en la tierra, que para mí está perfectamente representado en la maravillosa Ciudad de México, nada más extraña la presencia de ángeles que cantan vallenato, que con una flor en la cabeza bailan joropos y cumbias, que preparan arepas en incontables variedades, que al son de una salsa empiezan a mover los pies y la cadera, que dicen esa vaina para referirse a todo y a nada. A este paraíso lo haría más bello la presencia de tanta gente que amo y que por los kilómetros de distancia se hacen viejos sin que yo pueda reconocer las nuevas canas.

Jalan las conexiones que me trajeron al mundo, la sonrisa de mi abuelita, verla en sus presentaciones de danza folclórica, las reuniones de domingo en la tarde para jugar parqués con mis tías, las idas a El Tambor en La Calera con mis amigas, los reencuentros inesperados en las calles de la Candelaria, la fiesta con parejos que no paran de bailar y que superan cualquier clase de cardio.

Extraño el parche colombiano.

PD. Me robé la foto de Erik Vergel-Tovar @ErikVergel, para mostrarles lo coqueta que es Bogotá y los ojitos que me hace diciéndome que vuelva.

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