Los estándares de belleza = sometimiento patriarcal

Alguna vez escribí sobre cómo los modelos de belleza que nos han sido impuestos a las mujeres, a mi parecer, tienen una relación directa con el sometimiento que busca el patriarcado de nosotras, para tenernos entretenidas o angustiadas por cumplir con dichos patrones y así retrasar una revolución feminista y si… hoy quiero tocar ese tema.

Extracto de la entrada a la que hago referencia: “A veces creo que la obsesión que nos han metido a las mujeres sobre nuestro cuerpo es una manera de ocupar nuestras mentes con algo para que no hagamos frente a la dominación masculina… pero bueno, ese es otro tema”.

Y vuelvo a ese tema ahora, porque estoy en Medellín (la ciudad de la eterna primavera) y acá esa obsesión ha trascendido, volviéndose casi una marca de ciudad a nivel internacional por ¡lo hermosas que son las paisas! Y es que si lo son, ¿pero a costa de qué? y sobre todo ¿para qué?

24213f0b-7c0c-46a4-a31a-733321884a27Desde mi aterrizaje a la ciudad, mientras esperaba las maletas empezó el desfile de nalgas de silicona, tetas super paradas y redondas, pómulos sobresalientes, labios carnosos, extensiones de pelo, tintura, uñas postizas, accesorios permanentes e incrustados, mujeres cargando cuerpos ajenos para sentirse bien con ellas mismas o simplemente para ser parte de una sociedad que se enorgullece de algo ¿tan falso?

Léase como una generalidad y tómese con la ligereza que debe leerse este blog. No pretendo juzgar y no digo que sólo las mujeres operadas en Medellín representan la belleza paisa, hay seguramente miles de mujeres en la ciudad y en sus alrededores naturales, hermosas y despampanantes, que también representan a esta ciudad. 

Volviendo al tema. No se malentienda, no estoy en contra de las cirugías plásticas, es más creo que cada mujer debe hacer con su cuerpo aquello que la haga sentir lo mejor posible, aquello que la haga feliz. Mi cuestionamiento al respecto es si realmente cargar cuerpos llenos de accesorios incrustados, hace a una mujer feliz o si el origen de esa carga está puesta en lo que ella cree que los hombres esperan de su persona. Y si es así, pues ¡carajo! que frustración someterse a un mundo de cirugías, gastar montones de dinero, padecer el dolor en la recuperación y luego tener el riesgo de posibles complicaciones, sólo para atraerle a un tipo o a una sociedad de tipos que tienen sus ojos puestos en lo superficial.

Mientras estas mujeres, en particular, porque como escribí en (no te combina el cuerpo con la cara) esto es una realidad que nos toca a casi todas, dedican tanta energía y esfuerzo económico en lucir conforme a los parámetros de deseo que tienen los hombres, pierden el valioso tiempo y dinero que podrían dedicarle a estudiar, crear una empresa, viajar, leer, volverse feministas y darse cuenta de que no necesitan verse de x o y manera para ser suficientes.

Y es que si tantos cerebros llenos de ideas, pensamientos y creatividad, que se enfocan principalmente en alcanzar una imagen impuesta por los hombres, realmente estuvieran al servicio de la humanidad ¡imagínense el mundo que tendríamos! Tantas mujeres capaces cuestionando lo político, lo normalizado, el machismo, la violencia, la injusticia; tantas mujeres capaces creando soluciones para que todas y todos, quienes estamos y quienes están por llegar tuviéramos un mejor lugar para vivir, este mundo sería otro.

¿Hasta cuándo nos vamos a permitir un desperdicio de tremendas proporciones y vamos a seguir sometidas a patrones que acaban, incluso con nuestra identidad?

Usemos el tiempo, la energía, el dinero y la oportunidad de estar vivas para lo que es… ¡para dejar nuestra huella y crear un mundo mejor! Liberémonos de la esclavitud al cuerpo que ellos “desean” y amemos el cuerpo que nos hace humanas y que nos tiene vivas.

aaaah, y por último quiero recomendarles que lean a esta mujer:  MARÍA DEL MAR RAMÓN  “Me hago de amigas, me lleno de feminismo y mi vida deja de girar tan radicalmente en torno a la atención de los hombres”.

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Tomar decisiones en 3 pasos: manuales para la vida con Cosmic Girl

Aconsejar a otros es algo que se me ha dado toda la vida, no sé si nació en mí, si es un aprendizaje heredado de mi mamá o si fue una habilidad adquirida porque mis amigas buscaban consejo conmigo. Como vivía sola, casi siempre era “la grande” del grupo y parece que ser grande es sinónimo de sabiduría, (ahora que estoy “grande” me doy cuenta de que eso no es así, pero esa es otra historia).
A lo que iba con esto, es que he descubierto que el arte de aconsejar, (no se confunda con la labor de un psicólogo), radica sobre todo en el arte de escuchar. Escuchar tratando de ser neutral y sobre todo con compasión por lo que el otro está exponiendo.
Y es que, siendo aconsejadora profesional, últimamente me he visto rodeada de historias en las que mi contraparte busca consejo y sobre las cuáles es cada vez más complicado atreverse a aconsejar: que si me separo, que si me cambio de país, que si estudio una maestría o no, que si renuncio a mi trabajo para montar mi proyecto independiente, que si tener hijos… son todas decisiones con alto impacto en la vida.
Yo misma, por supuesto me enfrento a dilemas como esos y por eso creo, que cualquier palabra, ante un cuestionamiento de ese tamaño debe ser dada con precaución y recibida con recelo, porque lo que se viene pierna arriba, una vez tomadas ciertas decisiones, no es sólo un cambio personal. En esta etapa de la vida, casi siempre hay más personas involucradas.
¿Entonces cuál es el mejor consejo en una situación así? De entrada, son varios… Los he estado poniendo en práctica en mi vida y creo que han funcionado, porque si no, no estaría viviendo el mejor de año de mi existencia: 1. No dar pasos, sólo por el deber ser. Aunque todas sus amigas y amigos se estén casando, aunque la “onda” sea montar empresa, aunque la vecina ya tenga un jardín infantil de niños, usted no tiene que hacer lo mismo. 2. Hacer conciencia sobre la motivación de la decisión que se quiere tomar, ¿es un impulso, es un patrón, es externa o realmente emana del ser como un río que busca su cauce? 3. No buscar la felicidad en esa decisión. Si uno está infeliz, deprimido o inconforme con la vida que está llevando: casarse, tener hijos, estudiar una maestría, cambiarse de país o comenzar una empresa… no van a cambiar esa situación, nada de eso puede hacer feliz a alguien que no es feliz consigo mismo.
Y para ser feliz basta con conocerse. Piense en usted como si fuera su propia pareja, ¿cómo podría hacer feliz a esa persona, si no la conoce?

 

 

¿Para qué saber despejar una x, si no sabemos amar?

¿Por qué no nos enseñan a amar? Y no, hoy no estoy hablando de un amor de pareja, probablemente el más analizado de todos, hoy hablo del amor filial, del amor entre padres e hijos, del amor entre hermanos, del amor entre abuelos-nietos, primos. Creo que damos por sentado que sabemos cómo amar al otro y que ¡obviamente! se ama porque se es familia, pero la cosa no es así básica.

Existen familias dónde todos se procuran con todos, están pendientes encima del otro hasta porque a alguno le dio gripa, pero cuando hay dolores o momentos trascendentales, guardan la compostura para “respetar” ese momento difícil, se hace un silencio profundo y se habla de vanalidades para hacer de cuenta que nada complicado está pasando. ¿Eso es amor?

Otras en las que se cuentan cada cosa, se llaman hasta para elegir el cambio del color del pelo, incluso hacen juntas familiares para resolver los temas que afectan a uno de los miembros, asegurando, o al menos eso creen, que de esta manera disminuirá el margen de error. Como decimos en Colombia, de esas que se reunen hasta para mover un catre. ¿Eso es amor?

Hay familias, que aunque se saben unidas caminan como seres bastante individuales, a veces solitarios, resolviendo su camino sin involucrar demasiado a los demás, sólo acudiendo a los otros cuando el asunto es estrictamente necesario, ya sea por no fastidiarlos o simplemente por mantenerse al margen de consejos no pedidos. ¿Eso es amor?

Cientos de miles de tipos de familia, incontables como sientos de miles de tipos de persona, cada quién viviendo la vida con las herramientas que tiene o que quiere usar, echando mano de sus seres queridos o haciéndolos a un lado, cada quién intentando demostrar el amor como entiende, cada quién ofreciendo lo que es capaz de dar o cerrandose a recibir lo que otros quieren darle.

Es tan complejo el ser humano, que antes de enseñarnos a despejar un x, sería más valioso que nos enseñaran a amar. Este mundo sería otro.

La revolución feminista

Es muy interesante y a la vez estresante ser parte de esta nueva forma de sociedad que nos ha otorgado a las mujeres, y también (hay que decirlo) nos ha impuesto, un rol totalmente distinto al que tuvieron nuestras mamás (a nuestra edad) y por supuesto nuestras abuelas. Que no se malentienda, no es una queja, al fin y al cabo, todo lo que se nos impone, con una buena dosis de feminismo puede ser puesto en jaque hasta llegar al jaque mate.

Lo que me parece interesante, además por supuesto, de que amo tener libertad, poder levantar mi voz para exigir mis derechos, ser económicamente productiva y autosuficiente y saberme capaz de cuidar de mí sin necesidad de un rol masculino, ni de ninguna otra naturaleza, entre tantas otras maravillas, es que no sólo ha cambiado el rol de la mujer en la sociedad. El giro que ha tenido el mundo, en mi concepto, gracias en buena parte al feminismo, ha traído consigo una nueva forma de concebir al hombre en la escena, en todas las escenas.

Dados los cambios de independencia económica, de liberta de pensamiento y palabra que tenemos las mujeres, los hombres ya no requieren entenderse como el ser “protector”, no tengo los argumentos científicos para asegurar que no es cierto que, por naturaleza animal, ese sea su rol, vagamente he escuchado de épocas en las que las mujeres eran las proveedoras en la manada, así que entiendo este rol de protectores, más como un concepto social y no como un “deber ser”.

Eliminando ese sentido de protección, en el que requieren demostrar fuerza, solvencia, seguridad e inquebrantabilidad, los hombres tienen la posibilidad de explorar su lado más humano y menos animal. Conocer sus emociones, por ejemplo, mostrarse vulnerables ante aquello que los desconcierta, sin ser juzgados por la falta de “hombría” ¡gracias al feminismo pueden ser humanos! Habrá quienes crean que exagero, pero es que el feminismo roza tantas fibras, con efecto en tantos campos, que no creo posible hablar de cambios que no tengan algún nivel de influencia proveniente de esta revolución social.

Y entonces ¿cuál sería un rol para el hombre en esta nueva sociedad? No nos cuides, respétanos, sé cómplice de nuestros sueños y no te vuelvas una piedra en el camino, bájale a tus niveles de violencia, no tienes que demostrarnos que eres fuerte, preferimos tu amor y camaradería, que tu protección. Sé parte de la revolución, elimina los estereotipos que te condenan y los que nos condenan a nosotras, esos que nos han sido impuestos para acomodarnos a una lógica que ya no tiene lugar.

Me gustaría cerrar con este tweet que me impactó mucho, porque en realidad no había dimensionado la capacidad de bienestar y calidad de vida que genera eliminar los comportamientos machistas a través de la revolución feminista:

Tweet

La revolución que va a lograr la mejor calidad de vida posible es la revolución feminista ¡súmese!

¿Y los ex qué?

Si hay relaciones para toda la vida son las relaciones de exparejas. Los declaro exnovios para toda la vida. Amén. Teniendo eso claro, no entiendo a la gente que es capaz de odiar a esas personas que han sido partícipes de el ser que son.

Quiénes me conocen saben que digo con total honestidad que amo a mis ex novios, que no se deja de amar a quién se amó, que si los amé es por lo maravillosas personas que son y por lo tanto el odio o rencor no caben. Y por eso mismo mantengo comunicación con casi todos, sé de sus vidas, me alegro por sus logros, soy critica si veo que la están cagando, soy amiga. Y las amigas están ahí para ayudar a iluminar el camino.

Este año con mucho gusto he sonreído por saber que todos están maravillosamente bien, con parejas o incluso con hijos, siendo profesionales íntegros, viviendo felices y siendo fuente de felicidad para otros.

Siempre he sabido elegir, todos aportaron extactamente lo que requería en el momento en el que pasaron por mi vida y saberlos amigos hoy en día es un segundo regalo que da la vida.

¡SÍ!

Que si recibir un anillo es el sueño dorado de las mujeres, que eso espanta terriblemente a los hombres, que cuando el hombre lo entrega, es un acto de posesión y por lo tanto totalmente antifeminista, que si el anillo representa amor y compromiso y por eso en una relación que pinta duradera, es el paso a seguir, que si el diamante debe reflejar cuánto dinero hay de por medio, que si es un tema que merezca ser tratado o no.

Pues hoy me mandaron ¿cómo mensaje subliminal? un artículo de cómo el anillo de compromiso objetiviza a la mujer… y me pregunté ¿he querido recibir un anillo de compromiso toda mi vida? De hecho ya me lo dieron en una ocasión, la típica escena romántica, planeada con cuidado por el susodicho, mar, atardecer, amigos. Fue algo que jamás me hubiera imaginado, no en ese momento, no con él, pero la relación pintaba duradera, se suponía como el paso a seguir y di ese misterioso sí, acepté el anillo como símbolo de compromiso y promesa de amor. Siendo una relación a distancia servía para mantener el lazo firme y la ilusión de una boda que nunca llegó.

En el momento no me sentí objetivizada y justo ahí es dónde encuentro que el artículo citado no debería tomarse en blanco y negro, porque la vida está hecha de matices, no de absolutos, por supuesto hay temas y valores que no dan tregua a la escala de pantone, pero en este tema en particular, creo que son muchos los visos. Digo en ese momento, porque entre la emoción de poseer un diamante (al pan, pan y al vino, vino), corroborar que el tipo iba en serio, a pesar de que las circunstancias no eran sencillas y por supuesto, alimentar la ilusión de construir un camino con alguien, todo se veía bonito, puro amor.

Sin embargo entendí lo que el anillo significaba para él cuando llegué a vivir a México.

Una noche nos llevaron la invitación de una boda a nuestro depa y el susodicho lleno de orgullo casi me arranca la mano para mostrarle a su amigo ese diamante que yo llevaba hacía meses en mi dedo. Básicamente para restregarle en su cara que poseía a una mujer, que además era colombiana y había dejado su país por él, por esa promesa de amor. Así me sentí.

La magia duró poco y hoy el anillo está guardado en una caja.

Pero esto no es negro o blanco, ¿que si me gustaría volver a recibir un anillo? Si me gustaría, pero no como un acto desesperado que busca mantener un lazo, más bien como consecuencia de una decisión mutua de construir un camino que supere el enamoramiento irracional y que esté basado en objetivos comunes, en gustos afines, en contextos familiares que soporten esa unión con entusiasmo y respeto. Nunca más delante de amigos y jamás con la carga que él le puso, la carga de volverme suya.

 

 

¿Volver?

Hasta el momento había sido fácil cambiarme de país. Todo en México se ha dado de tal manera que no he tenido que adaptarme, me sumergí en esta hermosa ciudad como si siempre hubiese pertenecido a sus calles, la siento familiar, sonrío recorriendo sus barrios, usando su maravilloso sistema de bicicleta compartida, incluso le tengo cariño al metro (aunque eso de andar por debajo de la tierra no es lo mío…. ¡y ojo! no estoy a favor de un metro a nivel o elevado), conozco sus cafés, tiendas de libros, mercados artesanales, restaurantes típicos, parques para correr, parques para ir con África, parques para meditar, la siento mía y yo soy suya, de eso no hay duda.

Pero entonces… ¿por qué ahora me empieza a pesar la distancia? No es la ciudad, definitivamente mi sueño dorado sería tener a toda la gente que amo, a mi familia, amigas, amigos y amores en esta ciudad, que la disfrutaran conmigo, que la pudiéran ver con el mismo amor que yo le tengo, que hiciéramos nuestras vidas acá, emprendiendo proyectos, siendo parte de la universidad pública, yendo a teatro, a conciertos (que acá pululan), corriendo carreras, descubriendo restaurantes, recorriendo museos y exposiciones que hacen alucinar la mente.

El paraíso en la tierra, que para mí está perfectamente representado en la maravillosa Ciudad de México, nada más extraña la presencia de ángeles que cantan vallenato, que con una flor en la cabeza bailan joropos y cumbias, que preparan arepas en incontables variedades, que al son de una salsa empiezan a mover los pies y la cadera, que dicen esa vaina para referirse a todo y a nada. A este paraíso lo haría más bello la presencia de tanta gente que amo y que por los kilómetros de distancia se hacen viejos sin que yo pueda reconocer las nuevas canas.

Jalan las conexiones que me trajeron al mundo, la sonrisa de mi abuelita, verla en sus presentaciones de danza folclórica, las reuniones de domingo en la tarde para jugar parqués con mis tías, las idas a El Tambor en La Calera con mis amigas, los reencuentros inesperados en las calles de la Candelaria, la fiesta con parejos que no paran de bailar y que superan cualquier clase de cardio.

Extraño el parche colombiano.

PD. Me robé la foto de Erik Vergel-Tovar @ErikVergel, para mostrarles lo coqueta que es Bogotá y los ojitos que me hace diciéndome que vuelva.